Transcripción del ensayo sobre lo extraño
Estupor y temblores y Don Juan Tenorio
Texto del estudiante con marcas de revisión. El subrayado rojo señala aspectos ortográficos, gramaticales o de precisión que se explican al final. Se conservan los errores del texto legible y se omiten los tachados. Los corchetes identifican tramos recortados o de lectura dudosa; no se presentan como palabras del estudiante.
En este ensayo exploraré el concepto de lo extraño en dos obras: Estupor y Temblores de Amélie Nothomb y Don Juan Tenorio de José Zorrilla. Cabe destacar que se entiende por ‘extraño’ todo lo que sale fuera de lo considerado normal o resulta inverosímil.
Estupor y temblores, por su parte, pertenece al género narrativo (novela contemporánea). Fue publicada en 1999 y recoge con matices autobiográficos la experiencia de su protagonista, Amélie, en una multinacional japonesa llamada Yumimoto. Esto lo hace desde un discurrir de conciencia caótico plagado de hipérboles y metáforas que alejan el relato de la realidad y lo acercan al disparate.
Por su parte, Don Juan Tenorio es una obra teatral perteneciente al romanticismo español del siglo XIX publicada en 1844. La obra recupera el mito del libertino Don Juan, cuya vida está plagada de crímenes y excesos, aunque con una pequeña variación. En Don Juan Tenorio, este alcanza el perdón de Dios y la salvación en una escena final repleta de elementos sobrenaturales, algo que el mito tradicional no incluye.
Dicho esto, en este ensayo compararé y contrastaré como ambas obras presentan el concepto de lo extraño basándome en su espacio, personajes y tratamiento del tiempo.
Comenzaré explorando lo extraño en el espacio en Estupor y Temblores. Aquí, el espacio es clave para generar un ambiente irreal e inverosímil. La novela tiene un único espacio: la multinacional Yumimoto. En ningún momento el lector logra acceder a la vida de la protagonista fuera del trabajo, o incluso en alguna otra planta del edificio que no sea la 48. Tan solo ocurre a través de la analepsis alguna vez, pero con escasa relevancia. Esto mismo ya indica que la novela no se acerca para nada a lo común. Esta irrealidad se ve enfatizada por la presencia de un ventanal. Este parece ser la única vía de escape del espacio claustrofóbico que es la empresa, convirtiéndose así en símbolo de la represión en Yumimoto.
En Don Juan Tenorio el espacio, al igual que en Estupor y Temblores, genera una sensación clara de extrañamiento. No obstante, a diferencia de Estupor y temblores, este está presente en mayor medida al final de la obra, es decir, su importancia no es constante. En la ‘Parte Primera’ de la obra (4 primeros actos) se recoge una sola noche, sin embargo, la variedad de espacios resulta llamativa. Se comienza en la taberna, luego en el convento, luego en la casa de Don Juan… La rapidez con la que se cambia, posible solo por las numerosas elipsis, muestra ya que la obra no trata de aproximarse a lo real, sino generar expectación e impactar. El propio Zorrilla ha señalado esta inverosimilitud que hay en su obra. A partir de la ‘Parte Segunda’ (3 últimos actos) el espacio es completamente dislocado. Hay estatuas en el cementerio que se mueven y desaparecen, ángeles, esqueletos, sombras… lo sobrenatural prolifera y aleja la obra de lo real. Aparecen símbolos como el reloj de arena, que indica la inminencia de la condena de Don Juan, la cena de fuego… Por ejemplo, en el Acto 2 (‘La estatua de don Gonzalo’) la estatua del padre de la amada de Don Juan (Doña Inés), logra traspasar las [tramo parcialmente recortado en la reproducción: la estatua atraviesa una barrera y Don Juan recibe una advertencia] por sus pecados. Las acotaciones escénicas son clave para lograr esto. Una vez salvado Don Juan, la escena se llena de flores, ángeles y música; lo cual el espectador percibe como totalmente extraño, aunque propio del estilo romántico del s. XIX.
De esta manera, el concepto de lo extraño está ampliamente presente en el espacio de ambas obras, aunque en Estupor y Temblores ese extrañamiento ocurre de principio a fin de forma constante, y en Don Juan Tenorio es más evidente hacia el final de la obra.
En cuanto a los personajes, en Estupor y Temblores este es claramente la base de lo extraño en la obra. Esta, como dije, es narrada por Amélie, la protagonista. Esta narradora homodiegética omnisciente reconstruye su año en Yumimoto de manera completamente subjetiva. Desde la primera página, el lector percibe como se pierde en sus pensamientos a través de un discurrir de conciencia que muchas veces carece de sentido. Esto es especialmente evidente cuando habla con Fubuki, su superiora. Amélie dice dejar de escuchar lo que esta le dice varias veces por la belleza de la Nipona. Amélie queda hipnotizada por su altura, la forma de su nariz… No es solo como ve al resto, sino como percibe el ambiente y como interactúa en él. Una noche, por ejemplo, dice haberse quedado trabajando en la empresa. En un arrebato de locura Amélie se quita la ropa y abraza a su ordenador. También personifica objetos como la calculadora o se compara a sí misma con el mesías del cristianismo: Jesús. No es sólo la protagonista la cual genera extrañamiento, sino también quienes la rodean. Yumimoto tiene una clara estructura jerárquica: Haneda es quien manda, luego Omochi, Saito, Fubuki y, finalmente, Amélie. La [lectura dudosa] inquebrantable que es este sistema y la opresión que ejerce sobre los trabajadores resulta profundamente impactante. Amélie llega a comparar una riña de Omochi a Fubuki como una violación, mostrando la violencia verbal de los personajes. La absurdez de los trabajos realizados por Amélie tampoco resulta creíble. Saito llega a pedirle que repita unas fotocopias cientos de veces por no estar bien centradas, y le pide que olvide que sabe japonés durante las reuniones en las que sirve el té a los nipones por no incomodarlos. El cambio de registro hacia la mitad de la novela de la narradora, que se centra en criticar este sistema en Japón, evidencia que la absurdez de la novela tiene un fin ideológico, lo cual explica el deseo de Amélie de defenestrarse por el ventanal, [lectura dudosa] de la desesperación de los nipones por este sistema. Por último, es extraño como, pese a lo sufrido por Amélie, al final le manda una carta a Fubuki amistosa. Igualmente, su despedida mecánica a cada uno de sus superiores uno por uno (Haneda, Omochi, Saito) enfatizan la irrealidad y absurdez de la novela, que comparte numerosas características con la literatura del absurdo.
En Don Juan Tenorio lo extraño también está presente en los personajes, aunque con menor fuerza. Resultan extrañas, en primer lugar, las hazañas de Don Juan. En el Acto 1 este dice haber violado a cientos de mujeres, haber asesinado a miles… No solo es raro que no esté en la cárcel, sino su profundo orgullo por sus peripecias. De igual forma, Don Luis Mejía (personaje especular de Don Juan) se enorgullece de sus hazañas. Es extraña también la inocencia de Doña Inés. Esta es la típica ‘Donna Angelicata’ que cae rendida a los pies de Don Juan por sus palabras de amor, a pesar de ser considerado un ‘Satanás’ por su padre (Don Gonzalo). Lo más inverosímil de la novela es, sin duda, la transición de Don Juan. Este pasa de ser el peor de los libertinos a creer profundamente en Dios y pedirle su salvación. Así, al final, este descubre que ha fallecido ya (anagnórisis) y que su tiempo se acaba, pero su redención y la sombra de Doña Inés le salvan y conducen al cielo. No solo es extraño lo sobrenatural, sino el repentino cambio de Don Juan.
Así, en cuanto a los personajes, el concepto de lo extraño está presente en ambas obras, pero quizás con más peso en Estupor y temblores por su narradora y fin de caricaturizar Japón para criticar.
El tiempo en Estupor y Temblores es igualmente extraño. Se recoge un año en una novela sin capítulos, donde el tiempo acelera y desacelera continuamente. Hacia la mitad de la novela, numerosos meses se condensan en una página, mientras que escasos segundos admirando la belleza de Fubuki ocupan diversas páginas. El lector pierde rápidamente la noción del tiempo, muchas veces siendo incapaz de separar la realidad de lo que ocurre solo en la mente de Amélie. Así, la interpretación del lector de la obra requiere de una lectura activa para reconstruir lo que verdaderamente ocurre y cómo y cuándo lo hace. Esta tarea deja al lector desconcertado durante toda la lectura de la novela.
El tiempo en Don Juan Tenorio también dificulta la comprensión de la obra generando duda. Las elipsis son clave en este sentido. Se omiten datos esenciales como lo que ocurre entre los cinco años que pasan desde la ‘Parte Primera’ hasta la Segunda, como se liberan Don Juan y Don Luis tras ser apresados por alguaciles, como muere Doña Inés, como muere Don Juan antes de alcanzar el perdón de Dios… Esto no es solo extraño, sino que dificulta la comprensión de la obra. En esta misma línea, como logra Don Juan desplazarse con tanta rapidez de un sitio a otro resulta imposible, al igual que la rapidez con la que enamora a Doña Inés o se arrepiente de sus actos en el pasado.
El concepto de lo extraño en el tratamiento del tiempo en ambas obras se debe, por tanto, a su inverosimilitud. En Estupor y temblores esto ocurre por la narradora principalmente, mientras que en Don Juan, por su naturaleza dramática, se debe más al uso de elipsis para lograr ajustar el tiempo escénico al diegético.
En conclusión, en ambas obras el concepto de lo extraño es esencial para cumplir su objetivo, aunque con mecanismos y fines diferentes. En Estupor y temblores lo extraño lo genera su narradora, cuya visión subjetiva lo modifica todo a través de hipérboles para criticar el sistema laboral y trato a las mujeres en Japón. En cambio, en Don Juan Tenorio, lo extraño está principalmente presente en el tiempo y espacio, con mayor peso hacia el final de la obra. Este extrañamiento no solo busca impactar al espectador y entretener, sino que es necesario para poder condensar la trama en las escasas horas que dura una obra teatral. Este claro contraste entre ambas se debe tanto a cuando y para qué se escribieron, como a su [tramo recortado en la reproducción]. [Continuación visible:] es el narrador, mientras que en el teatro lo son la escenografía y el tratamiento del tiempo. De ahí surge la diferencia en el concepto de lo extraño en ambas.
Observaciones de revisión
compararé y contrastaré como — Ortografía: cómo, con tilde, introduce la interrogativa indirecta.
homodiegética omnisciente — Terminología: participar en la historia no implica omnisciencia; precisa el acceso a la información.
percibe como — Ortografía: percibe cómo.
solo como ve — Ortografía: solo cómo ve.
sino como percibe — Ortografía: sino cómo percibe.
y como interactúa — Ortografía: y cómo interactúa.
es extraño como — Ortografía: es extraño cómo.
despedida mecánica a cada uno de sus superiores uno por uno (Haneda, Omochi, Saito) enfatizan — Concordancia: el núcleo despedida exige enfatiza.
Lo más inverosímil de la novela — Precisión de género: Don Juan Tenorio es una obra teatral.
caricaturizar Japón — Alcance: delimita la afirmación al sistema laboral o entorno representado.
como se liberan — Ortografía: cómo se liberan.
como muere — Ortografía: cómo muere.
como logra — Ortografía: cómo logra.
tanto a cuando — Ortografía: tanto a cuándo.
cumplir su objetivo — Argumentación: precisa la función textual y evita atribuir una intención sin apoyo.
Nota sobre la fuente
Las reproducciones del manuscrito tienen algunos bordes recortados. La transcripción distingue las lecturas seguras de las dudosas. Las marcas de revisión son observaciones didácticas añadidas, no marcas originales del estudiante ni una nueva calificación.